La participación de las mujeres en las Industrias Textil y Diseño de Modas

Es domingo y sólo faltan unas horas para comenzar la semana. Organizas mentalmente tu agenda, tus horarios, tus pendientes.

Si eres de las organizadas con tu imagen, seguramente parte de tu rutina es ir tu armario, ver qué vas a ponerte al día siguiente o preparar todos tus outfits para la semana completa. Si eres de las que les gusta la adrenalina, en la mañana verás qué hay en tu clóset para ponerte.

Ya seas como la primera o segunda persona, es posible que desconozcas quiénes fueron las creadoras de las prendas que usas, y no es algo que esté mal, porque sólo si te dedicas al ámbito de la moda, podrás conocer algunos nombres ya que nuestra cultura no expone de manera correcta a las mujeres detrás de la ropa y de todo lo que usamos en el día a día...

Publicado originalmente en la revista Mexcostura. Año 23 No.89 Octubre-Diciembre 2019, pp. 27 - 29

. . .


Es posible que desconozcas quiénes fueron las creadoras de las prendas que usas, y no es algo que esté mal, porque sólo si te dedicaras al ámbito de la moda, podrías conocer algunos nombres ya que nuestra cultura no expone, de manera correcta, a las mujeres detrás de la ropa y de todo lo que usamos en el día a día.


En la actualidad tenemos referentes de diseñadoras de moda o posiblemente conocemos a una amiga o mujer que se desarrolle en este ámbito; sin embargo, todavía no somos suficientes.


Ahora, ¿te imaginas cómo fue hace algunas décadas, cuando la moda y toda la Industria Textil era algo que pertenecía al mundo de los hombres?


El siglo XX fue la época de Coco Chanel, una de las mujeres francesas más importantes en la historia, pionera en armar su Casa de Moda con sus propios recursos y así construir todo un imperio. Incluso, no solamente eso, también introdujo nuevos textiles para las prendas de mujer y utilizó para éstas las destinadas al sector masculino.


Momentos icónicos acompañaron la vida de Chanel como el sufragio femenino y los periodos de guerras y posguerras que orillaron a las mujeres a trabajar y vestir cómodas. En general, con la creación de sus prendas ella quería comunicar la parte libre, independiente, autónoma, práctica pero siempre elegante de cada mujer. Además, a esta artista de la moda le debemos el uso del negro, como un color que es aceptable para nosotras.


Por medio de las Industrias Textil y de la Moda, introdujo al mundo lo que yo nombro “Tercera Mujer”; aquella que rompe con los estereotipos burgueses y se convierte en una persona autónoma, empoderada y libre de decidir sobre su cuerpo y sus acciones.


Lamentablemente, el caso de Coco Chanel sigue siendo la excepción y no un caso común entre las mujeres en las Industrias Textil y de la Moda, así como en todas las industrias e incluso en las ciencias donde es evidente la desigualdad y desventaja que tenemos respecto a los hombres.


Les comparto que en el ámbito científico y tecnológico, la UNESCO reveló que sólo el 28% de las mujeres son investigadoras científicas; y con base en estadísticas del INEGI (2017) en México, sólo el 17% son trabajadoras de alguna industria, de este porcentaje el 34.55% es fuerza laboral en la rama manufacturera.


Y en lo que refiere a la Industria Textil, un estudio estadounidense realizado en 2015 por Council of Fashion Designers of America (CFDA), compartió que sólo el 14% de las principales marcas son dirigidas por ejecutivas.


LA CONCIENCIA DE LO QUE USAMOS


Con estos datos desalentadores no debemos perder de vista que si bien necesitamos ocupar o crear esos espacios de poder y dirección en dichas industrias, también debemos aprender a cómo hacerlo de manera consciente, tomando en cuenta a las personas y al mundo que nos rodea.


En Europa ha avanzado el desarrollo de la tecnología respecto a la Industria Textil, Alemania es uno de los países que más ha trabajado la Moda Sostenible o Slow Fashion, así como España que ha destacado en los últimos años por la creación de este tipo de proyectos, como Latitude y The Circular Project, ambos creados y dirigidos por mujeres (María Almazán y Paloma García, respectivamente). Además hay reconocidas diseñadoras como la británica Stella McCartney, que fue de las primeras en hablar de moda sostenible.


En contraste en América Latina, el desarrollo de la moda sostenible ha sido menor, ¿por qué? se ha demostrado que la Industria Textil emplea una gran cantidad de mano de obra infantil y de mujeres, al igual que en Asia, entre el 20%-60% de la producción es a domicilio y en situaciones laborales precarias.


Quisiera rescatar el caso de las bordadoras a domicilio en El Salvador, tema estudiado por la Organización Mujeres Transformando, la cual ha denunciado que las trabajadoras reciben por pieza entre 2.40 a 2.50 dólares, mientras que a nivel internacional, en Estados Unidos, esa misma prenda cuesta entre 90 y 150 dólares.

Sin embargo, la Moda Sostenible ha generado un twist, y las mujeres hemos sido las pioneras, debido a los procesos de desconstrucción y empoderamiento que hemos tenido a través del tiempo, lo que permite la generación de proyectos con conciencia social, ética y ecológica; y para que quede claro, con esto no quiero decir que no haya hombres trabajando en esta línea.


MUJERES EN LA MODA, MÁS ALLÁ DE DISEÑAR.


Es muy curioso que en una industria que se ha hecho para nosotras, básicamente para que seamos las grandes consumidoras, no seamos las mujeres quienes lideremos y diseñemos en las grandes casas de moda, las cuales están en manos de grandes corporativos y holdings que se dedican a marcas de lujo o al Fast Fashion.


Poco a poco vamos ganando espacios en la industria y trabajamos por ser las cabezas en la moda. En México tenemos diseñadoras como Carla Fernández y Karla Martínez, quiénes se han consolidado a nivel nacional e internacional, reconocidas por ver más allá de sólo una prenda; a ellas se suman todas las mujeres que dirigen sus pequeñas y medianas empresas textileras y de moda.


Y aunque cada vez más mujeres se empoderan dentro de la Industria de la Moda, no podemos dejar de lado a las operativas; está parte no tan bonita, que se fomenta por el Fast Fashion, favorecido por la ideología de la “moda desechable”; sistema que desvaloriza el trabajo de las mujeres que realizan las prendas, quienes trabajan entre 10 y 12 horas diarias, no cuentan con seguro social y- con base en información del INEGI (2014)- la mayoría recibe menos de dos salarios mínimos.


No hace mucho, la casa más grande de Fast Fashion anunció que va a empezar a mejorar las condiciones de las y los trabajadores, por ejemplo, pagando salarios más justos. Pero habremos de esperar las acciones y evidencias de sus palabras.


Mientras estas grandes empresas de la moda desechable cambian la manera de hacer las cosas, debemos rescatar y creer en el poder que tenemos como consumidoras; éste reside en el conocimiento y en la conciencia de saber que estamos adquiriendo al comprar algo. En algunos casos desconocemos este proceso o simplemente no nos involucramos completamente, lo que implica que cada vez que compramos Fast Fashion avalamos todo un sistema de precarización y malas condiciones laborales para las mujeres de la industria.


¿QUIÉN HACE TU ROPA?


Yo te pido que vayas a tu clóset y te preguntes ¿cuáles de tus prendas fueron elaboradas por una mujer? ¿De dónde es ella? Te invito a que le pongas un rostro y te sigas cuestionando ¿cuánto le habrán pagado por su trabajo? ¿Cuánto pagué en proporción por esto?.


Con estas preguntas rescato el movimiento global de la revolución de la moda, que utilizó el eslogan “Who made your clothes?” (¿Quién hizo tu ropa?), liderado por Carry Somers, pionera de la moda sostenible en Reino Unido.